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Trampa en la escondida
De recreos y viajes en el tiempo.
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Cuidadito con querer hacer trampa en la escondida. Yo supe de una nena que cuando le tocaba contar, contaba: “Uno, dos… ¡por cinco igual a diez!”, y así tomaba por sorpresa a los jugadores antes de que tuvieran tiempo de esconderse. Pero un día contó dos por cinco y cuando abrió los ojos descubrió que los otros nenes ya estaban todos escondidos, como si de veras hubiese contado hasta diez. Asombrada y con un poco de bronca, se apoyó otra vez contra la pared y volvió a contar: “¡Dos por diez mil!” Cuando miró ya era de noche y su mamá la llamaba a comer.

    Al día siguiente, en la escuela, la maestra enseñó los números negativos. Durante el recreo a la nena le tocó contar en la escondida. Apoyada contra la pared contó: “Dos por menos mil”. Abrió los ojos y descubrió que mientras contaba, el recreo había terminado, o que más bien todavía no había empezado. Entonces volvió al aula y esperó que la campana sonara otra vez. Cuando le tocó contar, contó el uno y el dos, de inmediato lo multiplicó por un negativo, por el primer número que le vino a la cabeza, uno que había oído en las conversaciones de adultos: el quichicientos. Contó “dos por menos quichicientos”.

    Cuando abrió los ojos ya no estaba el patio, ni la escuela, ni la pared sobre la que había contado. El lugar parecía un desierto, como ésos con mucha arena que muestran en las películas, pero en vez de arena el suelo estaba cubierto de tierra seca y pastizales. Y en vez de hombres de turbante, la rodearon unos indios tehuelches que comenzaron a tocarla con ramitas y a tirarle piedras pequeñas. La nena supo que estaba en un tiempo que no era el suyo y sintió miedo. Quiso volver, cerró los ojos y multiplicó el quichicientos por dos. Al mirar descubrió que los indios seguían ahí, observándola. Volvió a intentar varias veces hasta que los indios se aburrieron y se fueron. Ella se dio cuenta que no podía hacer trampa en un juego en el que jugara sola. Al fin y al cabo una escondida sin otros que corran a esconderse no puede ser una escondida ni nada que se le parezca.

    Junto a la nena quedaron algunos niños de la tribu. Trató de convencerlos para que corrieran a esconderse mientras ella contaba apoyada contra un árbol. Los niños no entendieron el juego, en cambio le tocaban el pelo, le acariciaban el guardapolvo y de a poquito le arrancaban los botones ya que les parecían objetos muy curiosos. Desconsolada abrazó el árbol y se puso a llorar. De pronto sintió una estampida que hizo temblar la tierra. Miró hacia un costado, vio que una turba de lanzas se dirigía a la tribu levantando polvareda. Miró a sus espaldas y descubrió que los niños ya no estaban, que todos los demás indios tampoco estaban, que hasta el cacique se había escondido. Entonces cerró bien fuerte los ojos y contó: “Uno, dos, ¡dos por quichicientos!”

    Bueno, el final de la historia no lo conozco. Dicen que unos antropólogos, escarbando en un baldío de la calle Salta, encontraron un guardapolvo sin botones de más de seiscientos años. La historia de la nena fue la conclusión a la que llegaron después de un largo debate. Otros dicen que cuando la nena abrió los ojos apareció en el patio de la escuela, justo en el momento que sonó la campana de salida, y que a pesar de que estuvo pocas horas ausente y los compañeros nunca notaron su ausencia, ella jamás volvió a sentirse la misma.

  Como sea, la moraleja de esta historia enseña que los niños que hacen trampa en la escondida acaban como viajeros perdidos en el tiempo. Como eternos viajeros perdidos en el tiempo.

(c) Guillermo Galli

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  1. Me gusta . que uno se puede poner por un ratito en el lugar del personaje y no sabe lo que le va a pasar . también esta bueno el final con opciones .

  2. Me encantó!!!!! Es corto y te deja con esas ganas de más, fantástico…. Me voy a seguir paseando por estos recovecos a ver que más encuentro… Suerte!

    1. Hola María Victoria, gracias por tu comentario! Vas a encontrar algunas cositas más, casi todas tienen al menos quince años, prometo ir subiendo nuevas.
      Saludos!

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