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La sombra inteligente
No creas todo lo que dice tu programa de fantasmas
Esa piedra tan pesada Anterior Man Siguiente

Esa tarde que pisaste por primera vez la marmolería de la calle Crisólogo Larralde te aferraste a mi brazo y me gritaste al oído: ¡Yo estuve aquí antes, yo estuve!, con la convicción propia del que habla en capicúa.  Mirabas los mármoles sumida en un viaje astral. ¿Ricardo, crees en la reencarnación? preguntaste, como quien asoma la nariz en lo desconocido. Te contesté que sí y enseguida te imaginaste ciento cincuenta años atrás, paseándote por la misma marmolería. Te viste encarnada en una ilustre dama porteña que acaso buscaba mármoles para su nueva casa del barrio norte, del brazo de su amado esposo. Enseguida mencionaste que el amado esposo bien podría haber sido yo en una vida anterior, ya que el destino es una cosa loca. Sugerí que también podría haber sido al revés, tú el amado esposo y yo la ilustre dama, a lo que objetaste que el cambio de sexo es una práctica deplorable, siquiera con el Más Allá como excusa. 

    Créeme que si en ese momento te seguí la corriente en esto de la reencarnación fue para que no hicieras el ridículo. Hoy te confieso que veinte años atrás no había ninguna marmolería en ese solar, sino apenas el potrero donde me agarraba a las patadas con mis amigos, mientras tú tomabas la mamadera en Vicente López. De manera que no importa lo que digan tus libros de hipnosis y de regresión mental,  no pisaste esa marmolería en una vida anterior, puedes estar segura.

    En cambio, estoy de acuerdo contigo en algo. Me consta que estuviste allí antes de estar, pero no en carne y hueso, sino en sueños. No hablo de las predicciones oníricas, que están reservadas para  grandes acontecimientos. Predecir una visita a una marmolería sería tan ridículo como indigno de cualquier arte adivinatorio. No te engañen tus aspiraciones a vidente natural, que bien las conozco ya que leí tus cartas al director de Misterios Irresolutos.

    La verdad es clara y te la diré: es la que predican los indígenas Batú de Kasai, al sur del Congo.  Estos nativos llaman al alma “sombra inteligente” y afirman que cuando duermes esta sombra se desprende de tu cuerpo y recorre la casa como un sonámbulo, toma un vaso de agua de la heladera, pasa por el baño y luego atraviesa la puerta de calle para emprender una caminata por los barrios, hasta que suena el despertador y vuelve al cuerpo. No te extrañe entonces que hayas frecuentado en sueños la marmolería, aun antes de visitarla en carne y hueso. De ahí tu recuerdo.  De ahí el consejo del dueño de la marmolería,  que cuando nos íbamos me susurró a tus espaldas “cuide a su novia que me anda espantando a los serenos”. Porque te vieron, Susana. Te vieron de noche mientras soñabas. Vieron tu espectro en camisón y sin dentadura traspasando los mármoles, yendo hacia el bailongo del terreno lindante. ¿Qué otra cosa son los fantasmas sino almas vagabundas de gente viva que está soñando? Por eso frecuentan la noche cuando el mundo duerme, para el terror de unos pocos desvelados. Por eso las sábanas colgando, que arrastran, y las caras de traste, las risas de ultratumba, los alientos sucios y los balbuceos incoherentes. Y no me digas que son los finaditos que vuelven de la muerte. Porque sé que a veces no duermes y entonces vas al puerto donde crees haber visto mi espíritu. Pero yo no estoy muerto, entérate.  Estoy vivo, trabajo en Singapur, de día me canso y de noche duermo y cada tanto sueño que vuelvo al muelle donde nos despedimos hace ya diez años. En mi sueño te veo, te grito ¡Susana, Susana! pero tú tiemblas, te pones pálida y huyes bajo la luz de la luna, como si hubieses visto un fantasma.

(c) Guillermo Galli

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  1. Me encantó, si si. Gracias por compartirlo.
    Quisiera saber si puedo compartir y/o leer las producciones de este sitio a mis niños de la escuela donde trabajo como Bibliotecaria.
    De no autorizarme, no habrá problema, seguiré las lecturas como hasta ahora.
    Gracias por toda su generosidad.

    1. Hola María Elena, gracias! Por supuesto, para mi es una gran alegría que otros puedan disfrutarlo.
      Adelante, y un saludo mío para todos los que lo van a escuchar. Gracias de nuevo.

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